COLEGIO DE MÉDICOS HOMEÓPATAS, CIRUJANOS Y
PARTEROS DEL ESTADO DE VERACRUZ - LLAVE
"DR. SAMUEL HAHNEMANN" A.C.
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'OMNIS VIRTUS SIT ARS HOMEOPATHIC' (TODO EL PODER DE LA NATURALEZA EN LA CIENCIA HOMEOPÁTICA)

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BIOGRAFIA - DR. SAMUEL HAHNEMANN

La época, Siglo XVIII, el ambiente: un caos reinante que se dejaba traslucir mas en la clase media y baja; era el resultado de la desorientación total en que se encontraban inmersos. ¿Por que caminos se conducía al hombre?, Eran infinitos.

Por ese entonces las enfermedades constituían un gran enigma. Quien en su desequilibrio presentaba síntomas de una u otra dolencia, tenía que sufrir infinidad de lavativas, sangrías, purgas, trepanaciones innecesarias, condenando a millones de personas su derecho a la salud, a la felicidad, a la paz, a la alegría de vivir. Como resultado de ese camino equivocado, de tratar siempre de suprimir lo que se les presentaba a la vista, los médicos de ese entonces condenaron a la humanidad entera, a la tiniebla mental, a la violencia, al egoísmo, a la desesperación; Síntomas estos que los encontramos de una u otra forma en la actualidad.

Pero, en esa época de anarquía total, nace también una luz, una llama que mantendría vivo el calor de una esperanza; así el 10 de Abril de 1755, en la ciudad de Meissen (Sajonia), Alemania en un hogar humilde, nace para la posteridad, el que más tarde sería bautizado como:

“Christian Friederich Samuel Hahnemann”

Christian que significa ahijado de Cristo, Friederich Protegido del Rey Federico el Grande y Samuel que quiere decir: Dios me ha escuchado. Y por orden de importancia se llamó:

SAMUEL CHRISTIAN FRIEDERICH

Su progenitor, un modesto pintor de porcelanas; no obstante esto, dio a su hijo Samuel la educación que se merecía. Desde sus primeros años Hahnemann demostró gran brillantez en sus estudios, siendo para sus profesores, uno de los alumnos preferidos. A la edad de 15 años y siguiendo los deseos de su padre, aprendió mucho del comercio de aquella época. Pero, la vida le pedía algo mas en su afán de aprendizaje, y luego de terminar sus estudios básicos, por la ayuda de su madre y la benevolencia de sus profesores, fue recomendado y aceptado en la Escuela noble de Saint Afra, para príncipes de Meissen, aquí adquirió los conocimientos de la escuela clásica, base esta que le sería mas tarde de gran utilidad.

En la primavera de 1775 a la edad de 20 años, veremos en Hahnemann, un joven lleno de vida y optimismo, llegando a la Universidad de Leipzig, con el afán de continuar estudiando en la Facultad de Medicina, por la cual sentía gran vocación pues él pagaba sus estudios con el dinero que conseguía en traducciones, y además dando lecciones de idiomas.

Siempre con el deseo ferviente de encontrar la verdad, lee a los clásicos, como Hipócrates, devora con avidez los libros y va pasando por todas las ideas de su tiempo, así, trata de comprender el caos reinante de las diferentes tendencias: El sensualismo, el idealismo, del cartesianismo nace el mecanicismo y luego el organicismo, que a su vez se divide en dos, el materialismo y el vitalismo.

Este es el panorama de confusión que tenía Hahnemann ante sus ojos. Su apego fue mayor a la doctrina del vitalismo, con la cual sentía gran identificación, por su armonía y porque en su enorme espiritualidad encontraba una mejor manera de servir a Dios.

Mas tarde se recreó con las obras de Paracelso, Hunter, Brown, estudió las teorías de Cullen y Butler, este último, un irlandés que declaraba que así como el veneno de la serpiente es suficiente en minima cantidad para matar, así el remedio que da salud puede servir también en pequeñas cantidades. Para incrementar sus conocimientos y su práctica, se traslada a la hermosa ciudad de Viena, tan diferente de la frialdad de Leipzig. Llega con un cúmulo de sueños los que tratará de volverlos realidad, uno de ellos, practicar en el Hospital de la Misericordia. Conoce aquí a un clérigo que más tarde sería el reverendo padre Weith, quien al darle la bienvenida le confiesa que, antes de emprender su noviciado, había querido aproximarse a los enfermos, para conocer mejor las dolencias humanas, que frecuentemente las del cuerpo están influidas por las del alma y cuidando las unas se puede intentar mejor la curación de las otras; y en el hospital había mucho que aprender al respecto. Durante un tiempo asimila de una u otra forma el maremágnum de conceptos e ideas de la medicina escolástica.

Poco tiempo después, las reservas económicas de Hahnemann se agotan, por lo cual se ve obligado y con desesperación a interrumpir sus estudios. Se traslada a la localidad de Hermannstad, para ocupar el puesto de bibliotecario y secretario del Gobernador de Transilvania; aquí encuentra grandes maravillas ocultas en los innumerables volúmenes de la biblioteca y además tiene la gran oportunidad de continuar sus estudios de medicina.

Es así como el 10 de Agosto de 1779 en la Universidad de Erlange, a la edad de 24 años, termina sus estudios y luego de una brillante carrera y una magnifica exposición de grado, consigue el titulo de Doctor en Medicina, Logrando éxitos tempranos, que le valieron una posición destacada entre sus colegas. Pero Hahnemann sentía que los diagnósticos de aquella época se encontraban envueltos en una nube de hueca palabrería, por lo cual siempre trató de encontrar la razón, el por qué de cada síntoma, de cada enfermedad y siempre buscó el dar una explicación lógica a los diagnósticos, encontrándose una y otra vez frente a misterios que no le eran explicados, así, llegó a la conclusión de que lo que aprendió en la Universidad, no le serviría en nada para curar a sus enfermos. No aceptó que el “secreto”, para triunfar en la profesión médica, era el mantenerse dentro de un lineamiento absurdo en el cual, tenía que hacer lo mismo que sus colegas que le precedieron, en cometer las mismas faltas, en basarse en la mayoría de las veces en opiniones contradictorias que se transforman en sistemas de curación, con nombres y conceptos incomprensibles, pues era raro que la teoría sea un resultado de investigaciones profundas; el tener curiosidad científica y preguntarse el por qué de las cosas, era irrelevante y constituía ponerse en contra de nociones y normas absurdas que eran la base en la que se asentaba la medicina de la época.

En 1781 Samuel Hahnemann cumple 26 años, llega a Dessau, aquí conoce al boticario Häsler, con quien trabaja en su laboratorio. Conoce a su hijastra Enriqueta Leopoldina Kuchler, joven rubia de ojos alegres, rolliza, de 17 años, con quien se desposaría más tarde. Fue esta boda una de las mas lujosas de Dessau. Hahnemann deseaba una vida independiente para su familia, por lo cual se traslada con su esposa, a las localidades de Gommern, Dresde y luego Leipzig. En su pobreza y desesperanza, ante la verdad de no tener en sus manos una medicina que cure a sus pacientes, en la soledad de su gabinete, Hahnemann exclama; “Esto es insostenible, hace siglos que los hombres se esfuerzan en curar, que buscan medios para llegar a ese fin, pero todos los trabajos son inútiles, no se ha dado un paso firme desde el primer día. Millones y millones de médicos han laborado en esa dirección sin éxito alguno. ¡Qué caos Dios mío! Pero ¿por qué he de ser yo quién se ocupe de reformar este abuso, entonces, qué camino tomar?”

Sentir que a los 36 años que se ha fracasado en la vida. ¿Es lo que verdaderamente se puede esperar cuando se ha trabajado a conciencia?

O era necesario sacrificar su Yo, aparecer sencillo, con la conciencia libre y el alma pura delante de Dios, diciendo: Hágase tu voluntad y no la mía. Qué ansias tengo de obrar así. Decía Hahnemann y como respuesta en este momento sintió que su alma se inundaba de paz y confianza.

Pocos días después, en plena conciencia, Samuel con su espíritu tranquilo, al llegar a su consulta, encuentra la sala de espera, (por rara coincidencia llena de pacientes), el rostro de Hahnemann se ilumina y como obedeciendo a una orden superior, dice con voz suave estas palabras:

“Amigos queridos, podéis salir de aquí. Yo soy incapaz de aliviar vuestros males y curaros y no quiero robaros el dinero”

Esta frase se publicó en Leipzig y es fácil imaginar el furor que produjo esto en su esposa Enriqueta, quien decía: “Se ha vuelto loco, oh mis pobres hijos, que ha de ser de nosotros” a lo cual Hahnemann respondía: trabajaré día y noche en traducciones no les faltará nada.

Hahnemann no podía engañar a esa humanidad doliente, su profundo espíritu humanista no le permitía hacer daño a las personas que acudían en su ayuda, y al no encontrar una solución inmediata, justa, se retira del ejercicio de su profesión.

En su solitaria labor, día a día, aprendió mucha más y sus afanes jamás cederían ante la pobreza, el aislamiento, la burla de sus colegas o los reclamos de su propia esposa, pues no poseía ni la más mínima comodidad que se puede esperar de un médico de su época. Vivían en pequeñas casas, en diferentes pueblos, en su incontrolable búsqueda de la verdad, pues su instinto siempre le dijo, desde lo más profundo de su ser, que debía existir algo más que la absurda forma de tratar a los enfermos.

Fue así, que en los recónditos rincones de su mente, un día brilló una pequeña luz, que no se apago, sino que por el contrario, a sus esfuerzos, a la búsqueda de un mañana mejor. En el año de 1790 en Stotteritz, al traducir la materia médica de William Cullen (quien era una de las máximas autoridades en medicina) aprendió la teoría sobre la fiebre y halló una descripción sobre las propiedades curativas de la quina, según el uso que hacían de ella los aborígenes del Ecuador. Por su asombroso poder de observación relaciona la semejanza entre los síntomas tóxicos conocidos y los efectos curativos.

El Dr. James Kraus en la introducción al Organón de la Medicina nos cuenta: “Hahnemann fue esencialmente un experimentador sin tacha; tomó cuatro Dracmas de China dos veces al día, tuvo paroxismos de fiebre y frío; en su práctica como médico había visto iguales síntomas de fiebre y frío, los había curado con China. Ya no podía seguir diciendo que la China cura los paroxismos de escalofrío y fiebre, porque es una droga astringente y amarga. La verdadera deducción salta a la vista: la China cura los paroxismos de escalofrío y fiebre, porque produce paroxismos de escalofrío y fiebre. De esta manera se hizo patente la necesidad del descubrimiento metódico de las propiedades medicinales de las drogas. Los que han dicho que Hahnemann no experimento en sí mismo sino en perros, gatos y ratas, todavía no han entrado ha formar parte de la escuela de la lógica científica” y nos dice más adelante, “La era de la experimentación científica medica principia con Hahnemann y nadie más. Científico de corazón, Hahnemann experimentó científicamente.”

Produciendo cada vez más la dosis de la quinina empleada y aplicándola entonces con finalidades terapéuticas, pudo constatar sobre sí mismo, la sedación, luego la desaparición de los síntomas artificialmente provocados anteriormente por la toma de fuertes dosis de dicho producto. Esta primera experimentación lo incentivó para seguir estudiando los efectos de las diferentes sustancias sobre sí mismo y luego también con sus colaboradores. Experimentaron: Belladona, Digital, Mercurio, Azufre, Arsénicum, etc.

La Homeopatía había sido descubierta y para Hahnemann esto constituía un gran reto, pues más tarde encontraría muchos obstáculos, por la no comprensión de sus colegas y por la pobreza en que se debatía su familia, pues: “Cuando se encuentra la verdad, muchas de las veces lo difícil es hacerla comprender a que los demás la sientan profundamente”

En 1792, el 22 de Febrero, Lacroix, Blanchetón, Drogard, unidos a Dupuytres, practican en el duque de Berry luego de un atentado; se le lavó, purgó y sangró. El buen sentido hubiera aconsejado entonces suponer, que por la herida que le produjo el arma de su asesino Louvel, ya había sangrado lo suficiente. ¡Asesinos! Gritaba Hahnemann en el número del Azeirger der Deutchen del 13 de Marzo de 1792. ¡Sois unos asesinos! Lugurus, el médico de la corte no supo defenderse, envolviéndose en una fría indiferencia.

Toda Alemania se enteró de que existía un médico de apellido Hahnemann, que era un hombre valiente y extraordinario, capaz de enfrentarse a los médicos de la corte. Pero tuvo que sufrir así mismo los efectos de la ola general de indignación que pasó sobre él. En esta lucha formidable Hahnemann toma una actitud fantástica. Las curaciones se suceden rápidamente. Llamado por unos y repudiado por otros, va de ciudad en ciudad, arrastrando por los caminos polvorientos de Alemania, sus trapos miserables y su familia andrajosa, que aumenta cada año. A su paso siembra la curación, desde el caso sencillo a la epidemia; sin embargo se le persigue y ataca. Pero muchos de sus colegas le aprecian por sus trabajos médicos, químicos y literarios; el médico más famoso de aquella época, Dr Hufeland lo designo como: “El médico más famoso y original”

En otoño de 1796 llega a Hannover, donde dio forma escrita a sus madurados pensamientos. Seis años tormentosos había transcurrido desde que pudo vislumbrar su idea, luego le dio forma y escribió:

“Todo medicamento eficaz, provoca en el cuerpo humano la aparición de una enfermedad específica y peculiar, tanto más específica, peculiar y brusca, cuanto mayor es la eficiencia del medicamento. Procede imitar a la naturaleza, la cual a veces cura una enfermedad crónica con otra sobrevenida y emplear, para la enfermedad a curar, el medicamento capaz de provocar otra enfermedad lo más similar posible, la cual curará la dolencia natural: Similia similibus (Lo semejante por lo semejante)”. Trabajó en la redacción de una terapia específica de las enfermedades, de acuerdo con su nuevo método, una vez terminado el extenso manuscrito, bajo el titulo de “Ensayos sobre un nuevo principio para el descubrimiento de las virtudes curativas de las sustancias medicamentosas”, los envió a Hufeland, este, quedó tan bien impresionado de la novedad de las ideas, que hizo imprimir el manuscrito. La publicación no tuvo el eco esperado, los médicos se mostraron escépticos frente a la perturbadora novedad de las ideas expuestas.

La preocupación continúa en todo su apogeo. Hahnemann desconcertado por la actitud del mundo, pero no frente a sí mismo. Rodó vagando de Hannover a Hamburgo, luego a Erlemburgo, Witenberg, Desseau.

Nacieron uno tras otro sus hijos, noveno, décimo y undécimo.

Cumplía 50 años de edad, cuando en 1805 llegaba a la ciudad de Torgau, cruzando el largo puente sobre el Elba. A pesar de las vicisitudes de la vida, la fuerza de sus ojos se mantuvieron, su voluntad de imponerse se irguió hacia los últimos años de su vida, y puso todas sus energías espirituales para un gran esfuerzo final. Fijó por primera vez su domicilio, permaneció seis años enteros en Torgau, donde escribe sus obras principales, su tratado de la higiene: “El amigo de la Salud”, “Las indicaciones sobre el uso Homeopático de los remedios y su empleo en la práctica”, “La Materia Médica” con 27 sustancias, que posteriormente amplió a 64 sustancias diferentes, resultado de sus investigaciones.

En 1810 publicó: “El Organón del Arte de Curar”, el cual lo revisó consecutivamente en 1819, 1821, 1829 1833 y la sexta y última edición en 1842. La publicación del Organón recrudeció la tempestad, pero también aumentó el número de sus simpatizantes. Las curaciones son cada día más frecuentes. Se consolida la fe en la doctrina. Muchos médicos quieren ser discípulos de Hahnemann. A los 57 años se prepara para dar una prueba en la Facultad de Medicina de Leipzig, para dar clases en dicha facultad, escoge el tema: “El tratamiento por Eleboro en la antigüedad”, obtiene brillantemente el derecho de dictar su cátedra y lo hace: llega con pasos mesurados, puntualmente al toque de la campana, aparece en la sala vestido impecablemente de negro, calzón corto, medias blancas y peluca empolvada de raya perfecta e inicia sus clases, el tema: “La Homeopatía”.

El interés es enorme, pero nuevamente se reúnen los adversarios y reanudan el ataque, el escándalo es tan potente que se le obliga a cerrar los cursos. Mientras se grita contra él los alumnos lo rodean y se convierten en sus discípulos.

Sobreviene un imprevisto, el tifus, y entonces cesan por el momento las intrigas, las interdicciones y el escándalo. Ante la epidemia la medicina oficial está acosada, pierde la calma. Hahnemann conserva su serenidad y combate con éxito la plaga.

Con el grupo de sus discípulos en casa se sientan junto al calor del hogar hasta muy entrada la noche, se fuman abundantes pipas, se habla y se discute sobre un solo tópico, la homeopatía.

Los duelos y dolores acorralan a Hahnemann, de los 11 hijos no le quedan mas que dos, Carlota, nacida en 1805 que tiene 35 años cuando su padre Samuel cumplía 80, y Luisa de 29 año. Viudas ambas se reúnen con su progenitor y se confinan en un retiro de “honda amargura”, la causa de esta tragedia se debe a que la desgracia ha penetrado en su casa bajo las formas de muerte, suicidio, desaparición y asesinato.

Se dieron diferentes circunstancias en las que ninguno de sus hijos llevó una vida tranquila y la fatalidad cayó sobre ellos, únicamente un nieto sobrevivirá al desastre general: el Dr. Süss Hahnemann, el hijo de su hija Amelia, el cual vivió en Londres y murió a los 88 años. Su fiel esposa Henriette con la cual había participado de todos los sinsabores y penalidades de su agitada existencia, muere en el año de 1830 a la edad de 66 años. Hahnemann recibió todos estos mensajes del infortunio en la soledad de su vejez, con temple sereno y rostro inalterable, ya no abandona la casa, ni siquiera para salir al jardín, simplemente redacta sus notas esperando la muerte, sintiendo que las fuerzas le traicionan, vivía allí tranquilamente, rodeado de relojes de pared de daba cuerda por su propia mano cuidando atentamente de que marcaran el segundo y dieran las horas simultáneamente, se había vuelto terriblemente minucioso y los habitantes de Köthen ponían en hora sus relojes con los de Hahnemann.

Pero, su muerte se encontraba todavía lejos, su vejez se vería renovada de plena juventud. El prodigio va ha producirse, un prodigio que ni el propio Hahnemann se esperaba. Un día se presentó a la consulta una encantadora mujer de 30 años, conocedora de la fama del maestro. Se trasladó en un largo viaje desde París en donde había oído hablar de los fabulosos resultados de la Homeopatía, llegando días después a Khöten. Su nombre: Melanie d´Hervilly Gohier, quien desempeñaría más tarde un papel muy importante en la historia de la Ciencia Homeopática. La medicina de facultad, había sido impotente para tratar su caso, que fue diagnosticado de tuberculosis, todas las hipótesis fracasaban; su médico que la veía dos veces diarias, se contentaba con alzar tristemente los hombros y confesar a las amigas de la joven que: “Ella no duraría mucho”.

Llamó a la puerta de Hahnemann la recibió la hija del médico y la hizo pasar a la sala de espera. Melanie pensó que esta consulta sería lo mismo que aquellas otras con los métodos franceses y se preguntaba como iba a poder hablar con un médico alemán pues conocía muy poco el idioma. Poco después entró en el gabinete de consulta: Hahnemann, salió a abrirle la puerta, ella se quedó un momento en el umbral, como si la emoción la impidiese entrar y hubiera sentido algo interior que no podía analizar. Melanie escuchaba, adivinando la bondad misteriosa de Hahnemann, le embargaba la emoción y sentía una fuerza extraña en su espíritu, no acertaba a comprender como habiendo pasado Hahnemann toda su vida en medio de tanto sufrimiento, hubiera podido conservar en su alma, aquella serenidad que inundaba su mirada y emanaba de toda su persona, distinguiéndole de los demás hombres. ¿Qué energía es la que le sostiene? ¿Será suficiente la ciencia? Luego de un minucioso examen, Hahnemann dijo con voz segura: “Puedo curarla”. Al despedirse una corriente de simpatía unió a los dos, la esperanza se mezcló con la admiración. Melanie esperó algunos días y nota que se va sintiendo mejor, se nota más apaciguada, menos nerviosa, más tranquila, sin su acostumbrada inquietud febril y apunta hacia la mejoría. Por última vez llama a la puerta de Köten, sus ojos desbordan el agradecimiento, se siente totalmente curada, le parece que partiendo de allí va ha dejar la promesa de una dicha presentida, la alegría de vivir y más todavía, una obra a cumplir que le dará ese goce por el que sin atreverse a definirlo, ha sido llamada súbitamente y como impulsada por un pensamiento de voluntad superior, se dio cuenta que la Doctrina Homeopática era un beneficio para toda la humanidad, ella tenía pruebas irrefutables, era necesario darla a conocer a todo el mundo para revolucionar la medicina, estancada en sus costumbres tradicionales.

La idea ofrecía muchas dificultades, pero durante todo ese tiempo la amistad entre los dos se había profundizado tanto, que ya no compartía solo simple amistad sino una profunda relación espiritual, la cual le ayudó a Melanie para decirle a Samuel todos los pensamientos que rondaban su alma. Permítame, le dijo ella, que sea su hija espiritual, tengo la misma fe que usted, los santos han tenido siempre una colaboración junto a ellos le ayudaré con toda mi alma. Estaba tan cerca de él que Hahnemann muy emocionado no hizo más que un leve movimiento para acariciar sus hermosos cabellos rubios y rozarlos con sus labios. De esta manera se realizó la unión entre estas dos almas. En casa de Hahnemann se produjo la esperada protesta cuando el viejo maestro enteró a sus hijas de que no solo que iba a casarse con Melanie d’Hervilly, sino que marcharía con ella a París.

Melanie no quería ser criticada y que los maliciosos creyeran que si se había casado con Hahnemann era únicamente por captar su fortuna y antes de partir de Kothen obligó a Hahnemann a repartirla entre sus hijas. El 21 de Junio de 1835, Samuel y Melanie llegan a París, los amigos se precipitan sobre la joven, nadie quiere creer que pudo haber vuelto curada, la abrazan y lloran y ríen y luego contemplan a Hahnemann con una admiración respetuosa. Samuel Hahnemann está aquí “dicen” y afirman que se ha casado con una mujer joven, a pesar de su avanzada edad, sobretodo se comenta que cura todos los males.

La labor es abrumadora, los enfermos acuden y las curaciones se suceden una tras otra sin interrupción. Los primeros Homeópatas franceses, Curie, León, Simón, Jordán y otros muchos rodean al maestro. Melanie escribe en su diario: “Hahnemann era feliz plenamente, le amaba y admiraba tanto. Por lo demás vivimos contentos y felices como niños buenos y nos amamos mutuamente para asombro de nuestros conocidos”, todo marchaba perfectamente.

La doctrina homeopática se extiende y se habla de fundar un Hospital y una clínica. En Francia se funda la sociedad Homeopática y dos periódicos: “El diario de la Medicina Homeopática” y “Archivos de la Medicina Homeopática”.

Luego de ocho años felices de matrimonio, y de innumerables éxitos, por su avanzada edad y su agitada vida, Hahnemann cae enfermo con su catarro que lo ahoga y lo sofoca. A fines del mes de junio ya postrado en su lecho, espera con paciencia el desenlace. Melanie le acoge en sus manos con un gesto filial, le acaricia suavemente sus cabellos de plata, sabedora con tristeza profunda que el fin está cerca.

El 2 de Julio de 1843 a las 5 de la madrugada, Hahnemann abrió los ojos y pronuncio dos veces:

“Confianza y Paz – Confianza y Paz”. Al instante su mirada se velo de sombra y rindió el último suspiro. El rumor de todos los días subía de la ciudad, nada revelaba que un gran hombre que tanto había trabajado por la humanidad, acababa de morir. Melanie estaba inconsolable, hizo embalsamar su cadáver, cerró todas las puertas y permaneció días enteros sollozando junto a su amado difunto. Luego de nueve días fue enterrado en el cementerio de Montmatre. Melanie d’Hervilly cumplió su promesa, y en el resto de su existencia luchó arduamente originando nuevos sacrificios y nuevas pesadumbres. La verdad homeopática siempre salió victoriosa.

Cuarenta y cinco años mas tarde después de la muerte de Melanie, los restos mortales de Hahnemann fueron trasladados al cementerio de Pére Lachise y al abrir el féretro, se descubrió atado a su cuello un mechón de cabellos rubios y una botella tapada con cera, y en ella una nota escrita de mano de Melanie que decía:

SAMUEL CHRISTIAN FRIEDERICH HAHNEMANN

Nacido en Meissen (Sajonia) el 10 de Abril de 1775

Fallecido en París el 2 de Julio de 1843.

Su esposa, María Melanie d’Hervilly,

Se le unirá en la tumba como él lo deseó

Y a cincel se grabarán estas palabras escritas por él:

“HOC NOSTRO, CINERIS SINIS, OSSIBUS OSSA,

SELPULCRO, MISCENTUR, VIVUS UT SCIAVIT AMOR.”

(“Mezclesen en este nuestro sepulcro las cenizas con las cenizas y los huesos con los huesos, como en la vida nos unió el amor”)

Esta es la vida de Samuel Hahnemann, aquel hombre que rindió toda su existencia a búsqueda de un ideal. Nos dejó una herencia invaluable: LA HOMEOPATÍA, estudiémosla y practiquémosla tal cual él la enseñó, este será el mejor tributo a su memoria.

Corrigió y aumentó Dr. Alejandro Ortiz Camiro 2010.


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